Londres, Las Vegas, son nombres de grandes ciudades que, por diferentes motivos, se han convertido en capitales, en iconos de dos formas de vida.
La tradición, la historia, la monumental belleza de la primera, cara a cara con el exceso, el derroche, el templo del dinero fácil de la ciudad de Nevada, emblema del American Way of Life.
Desde noviembre de 2001, la turística ciudad de Benidorm va a compartir con ellas un gran honor: el haber sido sede de una edición -la tercera- de esa gigantesca orgía del Rock & Roll que dió en llamarse THE WILD WEEKEND.

Y eso que el inicio no podía transmitir peores vibraciones.
El jueves 29 de noviembre, día en que la artillería de guitarras eléctricas y cantantes de aspecto innoble abría fuego, nos dejaba para siempre el genial George Harrison, estandarte de toda una era. El tributo a una de las personalidades más notables que ha visto la música del siglo XX no podría jamás haber sido mejor que el festival que comenzó en ese momento.
Grupos como "Fifty Foot Combo", "Los Perros" o los mismos "Beach Bastardos" comenzaban -fuera del escenario oficial- a calentar a los 800 afortunados que consiguieron anticipadamente unas entradas que ya se habían agotado. Muchísimas nacionalidades representadas en un evento que comienza ya a contar con cierto peso, y que se está convirtiendo en cita obligada para todos los rockeros. De todos modos, el programa de festividades no había visto más que una somera introducción.

The Rebelettes Viernes: comienza, a partir de las 9 de la noche, en una de las salas del Casino Mediterráneo (que se suele habilitar para fiestas de todo tipo, incluyendo últimamente una de salsa) comenzaba el programa. Un lugar soberbiamente decorado en un estilo estricamente retro, que igual que el Delorian de "Regreso al Futuro" nos llevaba a 1965, ayudado por el aspecto de un público que no dudó en colaborar con el ambiente vistiendo trajes que recordaban a las portadas de los discos de la época, y con los mismos peinados que enfurecían a sus abuelos contra sus padres.

Mucho flequillo, mucha patilla, y un ambiente excepcional para ver a gente como "The Rebelettes", diosas del Valhalla vestidas con elegantes vestidos de noche que impresionaron a la parroquia con su poderosa música Soul.
Mención para los japoneses "Jackie & The Cedrics", que tras un concierto del Rock más salvaje lanzaron sus guitarras al cielo para recogerlas con la pericia de una Tortuga Ninja.

the troublemakers


"The Trouble Makers" fueron también prota-
gonistas: cuatro californianos vestidos con chalecos de
piel de cebra, que tras la apariencia de Ken -el de Barbie- ocultaban una actuación terriblemente contundente.

Josh Collins y Fela Borbones ejercieron de presentadores (curiosa historia la de Josh, excéntrico millonario británico -aunque él niega lo de millonario- que se dedica a organizar fiestas y conciertos, y actualmente prepara un parque temático), junto con gogos, proyecciones en las paredes de imágenes tan insólitas como anuncios de juguetes de los años 60, o la sala de esparcimiento, donde se escuchaba música más tranquila. La fiesta continuaría, como el resto de noches, en "Cala Rock", un after acondicionado en una inmensa nave industrial, con más Rock & Roll pinchado por los mejores.

El sábado era el momento central. Los que hayan visto la mítica película "Desmadre a la Americana" (los que no, corran al videoclub más cercano) coincidirán en el carácter totémico de la "Fiesta Toga", santo y seña de la filosofía de llevar una juerga hasta sus últimas consecuencias. La mayoría de asistentes, fieles a la memoria del desaparecido John Belushi, cumplieron con su obligación moral de llevar la prenda que simboliza la civilización occidental, llegándose en algunos casos a corazas de gladiador, con tridente y red.
Un público tan entregado merecía la aparición de una de las bandas que más sensación ha causado: "King Khan & his Sensational Shrines". king khan und paco


Vestidos con toga, liderados por un Hindú que afirma que uno de sus abuelos tocaba el sitar y murió por su afición al opio, y el otro se ganaba la vida matando serpientes por los pueblos, se lucieron en un inspiradísimo concierto que conectó al cien por cien con la audiencia. Sin embargo, los cabeza de cartel del Wild Weekend iban a aparecer con las doce campanadas.
Nada más y nada menos que Jat Harris & The Rapiers. Tenían la complicada papeleta de sustituir a los todopoderosos "Kingsmen", que claudicaron tras los "aterrizajes forzosos" del 11-S. Respondieron comiéndose el escenario. jet harris Un repertorio del Beat más clásico, aderezado por una leyenda viva como Jet Harris (primer británico en grabar una guitarra eléctrica, y precursor del bajo de seis cuerdas), al que se pudo ver en plena forma. Tras ser expulsado de The Shadows "por beber demasiado", su comparecencia fue de una profesionalidad impecable y su concierto impresionó.
Los "Tuna Tacos" o "Men from Spectre" (acompañados por el famoso órgano Hammond) fueron otros de los grupos que nos deleitaron en aquella noche. Como en las demás, el casino estaba en plena actividad, viendo cómo se movían por las mesas cantidades indecentes de dinero y propinas de cinco ceros. Mucha gente abandonó la noche del domingo, y la sala estuvo notablemente menos llena que las dos anteriores.

Los desertores se perdieron el gran concierto de las 5, 6, 7, 8's,japonesas embutidas en monos de cuero que mostraron su condición de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde (fuera del escenario, al ser entrevistadas, eran de una timidez que rayaba en lo grotesco) bombardeando el escenario como sus compatriotas hicieron 60 años antes en Pearl Harbour.
Alejadas de todo virtuosismo, y con una música directa y simplista, tuvieron una presencia apabullante, hasta el punto de que el público les exigió que continuasen, bajo peligro de rememorar la catástrofe de Hiroshima. Freddy Fortune and the Furgone Conclusions las siguieron, ofreciendo un espectáculo de gran sobriedad escondidos tras unos trajes al más puro estilo de los primerísimos años 60. Al igual que la noche anterior, cerraron la velada -y con ello el festival- Las Munjitas, grupo español de punk-rock con todos sus componentes disfrazados de unas hermanas de la caridad de piernas algo peludas. Era el último concierto de un grandísimo festival, que impresionó, maravilló, y dejó con ganas de repetir a los supervivientes.

Desde luego, el festival no se limitó a las actuaciones musicales (aunque éstas fueran el nucleo), sino que contó con actividades paralelas; en particular el mercadillo que se podía visitar por las tardes en la Sala Underground, con discos, camisetas, artículos relacionados con el Wild Weekend, y todo tipo de iconografía rockera (se podría entrar vestido de civil y salir convertido en Elvis), amenizado con música en directo.

El Wild Weekend viene a llenar un espacio que los festivales actuales han despreciado sistemáticamente: el Rock & Roll clásico. La servidumbre que estos acontecimientos tienen hacia la llamada "música independiente" nos ha dejado, paradójicamente, en manos de grupos creados por las gigantescas multinacionales y por los 40 principales. Caballeros: basta ya. En tan sólo cuatro noches hemos vislumbrado que el planeta cuenta con grandes bandas que no llegan al gran público por esa vieja blasfemia de "El Rock & Roll ha muerto". Los que llevan 30 años diciendo eso deberían ir a la próxima edición del Wild Weekend.

texto de PACO BOSCH MARTÍN